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martes, 12 de septiembre de 2023

La mente y la oración continua




Antes que nada... ¿qué es la mente?

Un incesante discurrir del pensamiento, como un arroyo interminable, como la vertiente de la cual bebemos aquí; un goteo incesante de las imágenes y de los anhelos plasmados en diálogos, en apetencias sin fin, en recuerdos e imaginaciones sin sentido. Un ir y venir y volver a ir siempre para el mismo lado, para la construcción y sostenimiento de un ego que no quiere sino crecer y en la medida en que lo logra, se aleja el alma del Señor y de sus enseñanzas y de su gracia vivificante.

Sobre la oración continua:

La oración continua, el deseo y la decisión de orar sin cesar, implican un dejar la mente a un lado. Es tan difícil dejar la mente como dejar las posesiones materiales. Pero puedo decirte que abandonar todo el oro del mundo no necesariamente te une al Señor, pero abandonar la mente te deja a merced de Su Gracia por completo..., ... dejar la mente es dejarse a uno mismo en cuanto ego para siempre y totalmente.  Es renunciar a existir como individuo separado de la voluntad Divina.

Y este entregarse brinda indecible contento, pero no es sencillo al principio llegar a ese estado interior, a esa morada del alma; porque dejar la mente es dejar lo que hemos creído ser. Nos parece que morimos y en realidad empezamos a vivir ".

Fragmento de "Dios habla en la soledad"

Como en muchas de las cosas importantes en el terreno de la espiritualidad, es el pez que se muerde la cola. Para dejar a un lado la mente, necesitamos de la gracia, pero para recibir la gracia puede ser de utilidad tener cierto orden en el caos mentar y existencial.

Este dejar de un lado la mente (me refiero a hacerlo de verdad) es el despertar del que hablan muchas tradiciones. En este despertar se realiza que no somos la mente, y este hecho se vive como experiencia y no como idea o concepto. El testigo despierta y una nueva energía y cierto desapego de nosotros mismos ya impregna toda nuestra visión y forma de ser.

Que podemos hacer para facilitar la operación de la gracia? Trabajar para unificarnos interiormente, hemos de convertirnos en un todo coherente, en un vector que apunte a aquello a lo que aspiramos. Es una garantía? No. Pero con la unificación viviremos mucho mas livianos y alegres que antes y eso por sí solo ya es un gran regalo.

Respecto a la oración continua, se está refiriendo a la oración de Jesús que puede ser nuestra ancla al momento presente y es por sí misma toda una herramienta para vivir lo comentado.



martes, 15 de agosto de 2023

Sobre la oración / meditación

 



"Yo he descubierto que la clave en los inicios de la oración continua radica en no mover el cuerpo, aunque al principio sea algo como forzado. No hace falta mucho tiempo de esto, solo un poco.

Porque como te dije una vez, al inmovilizar el cuerpo se me hacen más evidentes las pulsiones y los deseos de movimiento y entonces, al ver lo que sucede puedo orar con el Nombre de Jesucristo en oposición a los movimientos.

En lugar de mover el cuerpo, se puede canalizar la tensión a través de un movimiento mental, repitiendo El Nombre del Señor o la frase preferida de oración. Esto sirve para empezar a concentrar la mente y para acostumbrarla a mi manejo, a que se conduzca según mis intenciones y no conforme a sus desvaríos.

También la resonancia del Nombre de Jesucristo es la gracia que empieza a acrecentarse en nuestro corazón, porque nadie lo invoca sino es movido por el Santo Espíritu. Si repites el Nombre, estás dando lugar al Espíritu, a su acción purificadora e inspiradora en ti.

Habrá toda una rebelión de los apetitos del movimiento, una pugna por salir de la cárcel de la quietud, una búsqueda desesperada por liberar las tensiones mediante el movimiento, corporal o mental.

Entonces, persistir en repetir la oración pidiendo la gracia de la quietud del corazón, de la paz del espíritu. Porque lo que he vivido es que siempre que se repite la oración, esta va adoptando tonalidades diferentes. Es como si a través de las mismas palabras, fuera orando el corazón de acuerdo a su estado y necesidad.

¡Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de mí! dice la mente y sin embargo el corazón grita... ¡Líbrame Señor de la angustia! o ¡Dame la paz Señor! o ¡Enséñame a orar!... siempre está el corazón diciendo algo mientras se repite la oración.

Si se persiste en mantener quieto al cuerpo y si se persiste en repetir con la mente la oración, calmadamente, sin prisas, en muy pocos minutos empieza a sentirse en el cuerpo una sensación muy diferente. Fíjate que dije “en pocos minutos”, no es necesario un tiempo prolongado para que pueda uno percibir algo de la gracia del Espíritu Santo.

Tiempo y paciencia harán falta para estabilizarse en Él, pero no para tener unas primeras experiencias, que ayudan mucho; porque evidencian que algo maravilloso existe en nuestro interior al alcance de la mano, que es verdad y no mera creencia que el Reino de Dios está en nuestro interior...

Inmovilizar el cuerpo en alguna postura atenta, que no permita el sueño, pero no incomoda en demasía; adecuada y relajada pero que no facilite el sueño. Luego de esta inmovilización, acudir a la oración mental, a la repetición del Nombre o la oración que se prefiera, pero sin prisa y sin pausa. Al darse cuenta de que se está divagando, solo volver a la oración sin reproches. Persistir en esto un rato apenas y se comenzará a sentir de una forma no habitual el cuerpo, de una forma que podría decirse... dormido pero despierto, en calma, muy sereno el cuerpo con una suave vibración...y la mente que empieza a irse sin dificultad hacia ese nuevo sentir, repitiendo sin embargo la oración.

Son las primeras señales del Espíritu Santo, un tono diferente se sentirá en las manos, en el rostro y a la vez, la presencia del corazón latiendo suave, como si moviera los músculos del pecho, pero sin molestar, como acompañando todo esto.

Ya solo sentir esto va a permitir que el que se inicia perciba el gusto por la oración del corazón, la gracia que en ella se esconde o mejor dicho, lo que tenemos en el interior, la perla preciosa, que no se nos revela por el ruido mental y corporal en que vivimos. ¿Parece demasiado fácil?

Lo que pasa es que nadie se queda quieto y nadie desde esa quietud, Lo invoca. Porque rezar se reza mucho, en medio de la dispersión y la divagación y las ansias por que se concedan ciertos pedidos fruto del deseo personal..."


Fragmento del libro "Dios habla en la soledad". Estos párrafos ponen de manifiesto esta experiencia que algunos tenemos tan a menudo, la dificultad de estar quietos.

Cómo el cuerpo, que siempre es el espejo del alma, manifiesta esas tensiones, rigideces, miedos, conflictos en lo psicológico que tienen su contraparte física  y se muestran en  contracturas, desviaciones, dolores, nudos musculares, etc

La solución pasa por habitar el cuerpo, y este habitar significa no moverse, aceptar lo que hay y disolverlo a la luz de la Presencia que se hará evidente tras la aceptación de la quietud y la invocación del nombre.



jueves, 23 de febrero de 2023

La verdad

 


" Seamos claros amigo: si lo que buscas con la mente es “la verdad”, debes saber que Dios no puede conocerse, que de Él nada puede saberse, que nos es infinitamente lejano en cuanto a las posibilidades de nuestra mente. Abordar a Dios con la herramienta mental es fatiga vana. A lo único que puede llegarse es al convencimiento mental de la necesidad de la existencia de Dios. Pero abordar a Dios desde el intelecto es como querer entender el amor desde la uña del pie. ¿Cómo podríamos conocer algo de aquello que nos abarca absolutamente? 

El oído percibe cierta franja de sonido, el ojo advierte solo cierto rango de luminosidad; y así como no vemos lo microscópico sin ayuda de aparatos, no podemos percibir a Dios sino en el corazón. El corazón es la antena receptora de Dios y la oración, los actos litúrgicos, la ascesis, los iconos, las peregrinaciones y todo lo demás, son instrumentos que ayudan a que se perciba esa brisa suave que nos obliga a taparnos el rostro sobrecogidos.

No existe la divergencia entre razón y fe. Existe la fe y la razón que haga lo que quiera. “¡Pero señor usted es un irracional! ¡¿cómo va a andar creyendo esas cosas que cree?!” podría decir alguien. Sí, totalmente irracional. ¡Creo en la divinización del hombre por obra de la gracia, por obra de un hálito sagrado que sopla donde quiere! Pero, curiosamente, esta irracionalidad, ¡no me preocupa! a usted le preocupa, a mi me hace feliz...

Así que te digo, yo no sé cómo es Dios, ni sabré resolver muchas de esas contradicciones entre las dudas y las aserciones del intelecto... pero sé que Lo amo y que ese amor me llena y que inexplicablemente da sentido a mi vida. "

Fragmento del libro: Dios habla en la soledad. Hermano Esteban de Emaus


Tal como describe tan magníficamente este fragmento que os he traído a vuestra atención, la mente no es útil para conocer a Dios, ni para dilucidar la verdad sobre nosotros mismos. La razón, el intelecto no nos van a ayudar en la magna obra de "conócete a ti mismo" ni  tampoco a saber la verdad del mundo ni de las personas...