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domingo, 21 de abril de 2013
Oración profunda. Iniciación a la contemplación.
Acabo de regresar de la tercera parte del retiro "Oración profunda: Iniciación" que imparte Xavier Melloni ayudado en la parte yóguica por Montserrat Pons. Se trata de un retiro dividido en tres fines de semana donde se enseña a meditar entendiendo la meditación como un ejercicio para la contemplación (que para muchos avanzados y avezados es donde empieza la autentica meditación).
Comentaros que me ha gustado mucho, que pese a llevar cierto tiempo meditando he aprendido y consolidado cosas y no puedo dejar de recomendarlo a todos los que queráis iniciaros o adentraros a fondo en el tema. El lugar es la buhardilla de una de las torres de la Cova de Manresa, es un lugar mágico donde se puede palpar lo sagrado.
El padre Melloni es excelente en todos los sentidos y sus palabras están llenas de sabiduría. Este curso, retiro o seminario como queráis llamarle está basado en lo propuesto por Franz Jalics (que aunque tampoco inventó nada si que lo ha sistematizado dándole un toque más actual). Dice Jalics en su libro Ejercicios de contemplación :
" en nuestro caso contemplar significa dirigir la atención a la percepción de las manos y , a traves de ellas, a la percepción del presente. Se trata de contemplar en dirección al núcleo sano, a la presencia de Dios. Nos vamos internando en lo más profundo, en el estrato profundo que nos hace padecer. Para mantenernos en contemplación debemos permitir y tolerar ese sufrimiento. Pero lo que se padece así, con la vista fija en Dios es redimido. No vuelve más. Del núcleo sano nos vendrá tanta luz y tanta fuerza, que hallaremos coraje para seguir adelante".
"Dios existe. Está dentro de ti, en tu presente, en la realidad que te rodea. En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Nos habla en nuestro interior, el reino de Dios está dentro de nosotros. No solo habla con palabras humanas, nos habla a traves del silencio, a traves de ser que no puede expresarse con palabras. Su palabra viva es la realidad misma. Si penetramos nuestra realidad nos encontramos con Él en forma directa".
A todos los que leáis estas palabras me gustaria comunicaros un mensaje. Hay que hacer. Esto es, os animo a IR a retiros y seminarios de éste tipo, todo ello nos ayudará a progresar como personas y el mundo está muy necesitado de seres humanos que sean capaces de tener un pie en lo contemplativo y otro en el día a día para poder así transmitir la vibración de lo sagrado a todo lo que hacen y a todos aquellos con quienes contactan. Este es uno de los mayores servicios que se pueden prestar.
sábado, 1 de octubre de 2011
Los elegidos
Desde siempre me he preguntado (y se puede ver en mis entradas anteriores sobre la vía directa) que es lo que hace que siendo tantas las personas en el mundo que tratan de ser espirituales, que se rigen por unos códigos morales elevados, que siguen unas disciplinas para alcanzar la liberación, o la fusión con el atman, etc, que meditan, hacen yoga, siguen innumerables disciplinas y técnicas, cantan mantrams y qué se yo. Pues eso, que habiendo tantos que aparentemente llaman a la puerta, sean tan pocos los escogidos ya que es extraordinariamente poca la gente que es capaz de sobreponerse a su condicionamiento (genética, ambiente, educación, prejuicios, etc) y levantarse del fango en el que nos hallamos inmersos.
Por ello me gustaría comentar varios textos de diferentes autores.
Krishnamurti en "El conocimiento de uno mismo":
La terminación de todo deseo no puede ser obra de la coacción, de la devoción, de la oración de la concentración. Todo ello acentúa simplemente el conflicto del deseo en los opuestos. Más cuando todo eso cesa, la mente está de veras serena, y no sólo de manera superficial, en los niveles superiores, sino en lo íntimo y profundo. Sólo entonces es posible que ella reciba aquello que es inconmensurable. La comprensión de todo esto, no sólo de una parte, es meditación. Porque si no sabemos meditar, tampoco sabremos actuar. La acción, después de todo, es el conocimiento propio en la vida de relación; y el mero hecho de encerrarse en un recinto sagrado quemando incienso, leyendo acerca de ajenas meditaciones y de su significación, es absolutamente inútil, carece de sentido. Es una maravillosa evasión. Pero el percibir toda esa actividad humana que somos nosotros mismos: el deseo de lograr, el deseo de triunfar, el deseo de tener ciertas virtudes todo lo cual acentúa el “yo” cómo lo importante ahora o en el futuro, el devenir del “yo” el percibir todo eso en su totalidad, es el principio del conocimiento propio y el comienzo de la meditación. Entonces, si estáis realmente alertas, veréis que ocurre una transformación maravillosa que no es una expresión verbal, que no es “verbalización”, mera repetición, sensación. De un modo efectivo, real, vigoroso, ocurre algo que no se puede denominar, que no se puede definir. Y eso no es el don de unos pocos, ni un don de los Maestros. El conocimiento propio es posible para todos, si estáis dispuestos a experimentarlo, a intentarlo. No tenéis que ingresar a ninguna sociedad, leer libro alguno ni sentaros a los pies de ningún Maestro, pues el conocimiento propio os libra de todos esos absurdos, de las estupideces de invención humana. Y sólo entonces, mediante el conocimiento propio y la verdadera meditación, surge la libertad. En esa libertad se manifiesta la realidad, pero no podéis lograr la realidad por medio de procesos mentales. La realidad debe venir a vosotros; y sólo puede venir a vosotros cuando estáis libres del deseo.
Anthoni de Mello, en "Contacto con Dios":
"Pedid y se os dará; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abre" (Lc 11, 5-10). Las palabras sorprenden verdaderamente por su simplicidad: "todo el que": no se hace distinción entre santos y pecadores..."
y otra: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo" (Ap 3,20). Dice alguno¡ Por muy pecador que sea. Todo lo que tienes que hacer es oir su voz y abrirle la puerta..."
Vicente Bertran Anglada en una conferencia sobre Agni-Yoga ( 1982):
Respuesta a una pregunta sobre requisitos especiales para llegar a este tipo de yoga:
"Todos son llamados y todos elegidos, no hay distinción entre los que pueden y los que no".
Blay en SER:
P: Si persistimos en estos ejercicios, ¿todo el mundo puede conseguirlo?
R: Todo el mundo tiene aptitud para conseguirlo, pero yo diria que de hecho está mas inmediato a conseguirlo aquel que siente la demanda y la necesidad, porque la demanda está indicando que la cosa está presionando para manifestarse en esa consciencia particular.
Y yo me pregunto, qué debemos estar haciendo mal para que la puerta no se abra. Me temo que la respuesta es que nuestra intención, nuestra aspiración, nuestro deseo NO es total. En catalán hay un dicho que dice : vol i dol" que viene a significar que por una parte lo quiere pero por la otra no lo quiere del todo porque ello supondría algún tipo de renuncia, etc.
Esto puede ser una casua. Otra posible razón puede ser que llamamos mucho pero escuchamos poco con lo que el proceso se estanca. Como dije en alguna entrada anterior, hay que llamar, y pararse a escuchar con todo el ser abierto.
Así que os animo a que llameis, pero fuerte , con toda la intención y el corazón puesto allí, y con dos ... y luego espereis la respuesta, en silencio, recogidos, humildes, dispuestos a todo.
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sábado, 6 de febrero de 2010
Sigo con Blay y la oración
-La oración no es un monólogo, es una conversación, un diálogo, lo que significa que ha de haber dos fases: que todo yo me dirija y me exprese a Dios, y después que todo yo me quede receptivo, que todo yo escuche, esté atento. Generalmente creemos que la oración consiste sólo en el primer tiempo, contarle unas cuantas cosas a Dios y ya está. Pero no es así, porque lo más importante no es lo que yo tenga que decirle a Dios, sino lo que Dios tiene que decirme a mí. Por eso es preciso que después de la fase de expresión total, de sinceridad, aprenda a estar todo yo abierto, receptivo, con el deseo de comprender, de percibir, de captar su presencia y su voluntad.
-Yo me dirijo a Dios para expresarle todo lo que deseo, lo que necesito, aunque sean cosas de tipo material. Cuando me expreso así, mediante mi verdad, sea cual sea -mi desengaño, mi ambición, mi sentido mundano-, con todo lo que en mí está vivo y eso lo comunico y lo entrego hacia Dios, entonces todo esto se dinamiza, se centraliza e integra alrededor de este núcleo espiritual y poco a poco me conduce a que yo comprenda cada vez más las cosas a la luz de lo espiritual. Y muchas veces me vendrán soluciones (incluso de tipo económico), se producirán reacciones de otras personas, oportunidades e incluso encuentros que pueden ser convenientes para mi evolución, lo mismo espiritual que material. A Dios lo hemos separado de lo material de un modo artificial, y Dios es el mismo en nuestra alma que en nuestro cuerpo; no hay por qué hacerle especialista sólo en los problemas del alma. Esta es una actitud producto de una educación falsa o parcial.
-Hablando con Dios de todo lo que para nosotros es importante, sea lo que sea, las cosas se arreglarán interiormente. Evidentemente, no existe ningún seguro que garantice que le irán bien los negocios al que practique la oración, pero lo que sí es seguro es que uno verá cada vez más las cosas desde la perspectiva correcta. Pero, podéis decir, ¿cuál es la perspectiva correcta? La perspectiva correcta es la perspectiva de Dios. Y es que la perfección de las cosas, la verdad de las cosas, está siempre en la visión desde arriba, en función de su creador y de su ordenador; muchas veces nosotros no las vemos desde el ángulo correcto, desde sus causas espirituales, por lo que si se produce un choque entre estos dos puntos de vista, es el mío el que debe cambiar, porque el otro siempre es el correcto. Dios es la causa, la explicación, el verdadero porqué y cómo de las cosas, por lo tanto soy yo quien he de aprender a acercarme, a sintonizar, a adaptarme, a descubrir la verdad. No debo querer convencer a Dios para que me consiga esto o lo otro; lo que debo lograr es una transformación interior, la cual se va operando en la medida en que soy sincero desde mi punto de partida actual y me comunico con sinceridad mediante este diálogo vivo, profundo, total, con Dios. Esto conducirá a que poco a poco yo vaya viendo las cosas desde el punto de vista correcto, desde la perspectiva de Dios." Extraido del Trabajo interior de A Blay.
No se, quizás pueda parecer muy básico todo esto que explica Blay, pero me parece de una simplicidad y profundidad tremendas y además aporta un sentido práctico al tema del trabajo espiritual. Que sí, que no podemos separar lo material de lo espiritual porque están intimamente entrelazados. Me gusta mucho la frase de que lo importante no es lo que tenemos que decirle a Dios sino lo que Él tiene que decirnos a nosotros y esta es la parte frecuentemente olvidada de la oración, porque escuchar significa vaciarse de prejuicios y de valoraciones, significa dejar un espacio, un silencio para que pueda surgir la verdad que es la perspectiva de Dios que puede estar muy lejana de nuestra visión de la realidad.
Por tanto, amigos mios, dejemos espacio para escuchar al Ser. Lo bonito es que la misma dinámica de la oración , sentida y mantenida en la conciencia de forma constante es una llamada de fuerza tremenda, un bocinazo a los oidos de Dios, y la respuesta no se hará esperar. Recordar una frase muy bonita que creo que se la escuche a Francis Lucille y que dice:
"Por cada paso que tú das hacia Dios, Dios da cien hacia tí"
jueves, 21 de enero de 2010
Homenaje a Antonio Blay

Desgraciadamente no lo conocí pero sus palabras suenan a verdad. Personalmente me llega mucho y hace resonar algunas cuerdas muy íntimas y sutiles. Me gusta muy especialmente de él su amor a la experiencia directa, a hablar sólo de lo que conoce y a no aventurar hipótesis.
Aquí os presento un fragmento sobre la oración:
La oración es una verdadera técnica transformante,
- cuando se aprende a hacer de una manera total, sincera, incondicional, espontánea, sin un reglamento estricto;
- cuando la oración es una apertura, aquí y ahora, de todo yo a esa realidad que intuyo alrededor y dentro de mí, que es Dios;
- cuando yo me abro, y me abro sin cálculos, sin censuras, cuando exploto expresándome todo yo hacia Dios.
La oración, por lo tanto, es lo más alejado de la recitación de unas frases, de unas fórmulas. Las frases y las fórmulas pueden ser excelentes, pero aquí me estoy refiriendo a lo que es la oración como técnica fundamental. Es esa oración a la que uno va sin ningún tipo de preparación, sin ninguna idea previa, sino simplemente valorando el hecho de situarse ante esa realidad que es Dios, y aprendo a comunicarme, a abrirme, aprendo constantemente a ser más sincero, más espontáneo, más total, y a decir todo lo que a mí me preocupa, todo lo que en mí está viviendo, sea lo que sea, sin obligarme a utilizar una actitud formalista o de persona que quiere ser muy buena. Dios lo que quiere es mi verdad, lo que yo soy de veras, por lo tanto yo he de expresarme ante El tal como soy, ni más ni menos, y si mi preocupación actual es un problema familiar o un problema económico, en mi oración ha de expresarse el problema familiar o el económico, porque ésta es mi verdad y no otra.
La oración exige una sinceridad total e incondicional y requiere el esfuerzo de descubrir en cada momento lo que es realmente vivo, lo que es real en mí. Nos hemos acostumbrado a adoptar una actitud predeterminada ante Dios, una actitud de persona humilde que está pidiendo algo, una actitud de «pobre»; hemos de descartar esta mentalidad, pues ante Dios no hemos de representar ningún papel. Quizá en la vida he aprendido a hacer muchos papeles: en mi casa hago un papel, en el trabajo hago otro, con mis amigos otro. Pero ante Dios eso no sirve. ¿Cómo soy yo cuando me quedo sin papeles, cuando me quedo sin personajes que representar? ¿cómo soy yo, desnudo, auténticamente desnudo por dentro? ¿yo en mí mismo? Y tratar de expresar eso que yo siento cuando trato de ser yo mismo, yo mismo ante la vida, yo mismo ante mis problemas, ante mis miedos, ante mis ambiciones, mis deseos, ante lo más elevado, ante lo más bajo, y expresar esto. Entonces esta oración es transformante. Cuando todo yo me vuelco hacia Dios, cuando todo yo vacío todo mi interior y lo comunico intencionalmente, deliberadamente, a Dios, cuando yo me vacío de todos estos contenidos, expresándolos, cuando yo me vacío de mi yo personal, entonces es cuando queda sitio para que Dios me llene de Él, entonces es cuando puedo sentir una vida nueva que me penetra, que me transforma y me dirige. Ésta es la auténtica oración, y toda oración que no se haga así no es verdaderamente oración.
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