Todos estamos inmersos en nuestra vida interior donde existe un personaje o ego que domina el cotarro. Este personaje vive en una habitación (si vieramos... bien podriamos llamarle la habitación del pánico).
Se trata de una habitación pequeña, limitada por 4 paredes, oscura, llena de cajas y trastos viejos y que además tiene un suelo muy sucio, pegajoso, lleno de excrementos.
Esta habitación tiene una ventana en la parte alta que está tapada por cortinas y generalmente por enormes cajas de trastos que hemos ido acumulando. Además hay una gran puerta que tiene dos particularidades, la primera es que normalmente no la vemos porque está tapada por el personaje que se apoya en ella y la segunda es que es una puerta que en realidad no podemos abrir ya que solo tiene picaporte en la parte exterior.
Ocurre, que un dia haciendo limpieza vemos la cortina e incluso la abrimos un poco y entra luz. Lo primero que provoca esta entrada de luz es que una vez recuperados del impacto que supone ver la luz por primera vez y alabar sus bondades, tomamos conciencia del insalubre lugar en el que moramos, vemos el polvo, las cajas, la estrechez. Si insistimos y abrimos más las cortinas, entrará más luz y entonces, horror de los horrores, veremos el suelo, lleno de mierda, lodo, restos (son nuestros temores, nuestras pulsiones reprimidas, nuestra ira, etc). Cuando ocurre esto, nuestro primer impulso es ponernos a limpiar con la desgraciada consecuencia que acabamos de m. hasta arriba y que en lugar de limpiar nos hemos ensuciado más y que frecuentemente nos vemos confundidos e identificados con eso que ha venido a la superficie. En este punto, lo que es más prudente es no hacer nada con ello y seguir ordenando la habitación para que entre más luz. La luz del sol por ella misma, secará y desinfectará todo ese suelo pestilente. Si esto acaece, llegará un punto que nuestra habitación estará limpia y ordenada y entonces veremos la puerta y como locos intentaremos abrirla sin darnos cuenta que solo se abre hacia dentro. De hecho, la puerta siempre está intentando abrirse, pero primero se lo impedian los trastos y ahora es el propio personaje el que al hacer fuerza se lo impide.
Esta es, amigos mios, la resumida historia del buscador de la verdad. Así que limpiad afanosamente, estar atentos a lo que ocurre, no os identifiqueis con el suelo de la habitación y dejar espacio para que la puerta se abra.
