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lunes, 30 de junio de 2008

Meditación (II)

"La meditación no es para el meditador. El meditador puede pensar, razonar, construir o derruir, pero nunca conocerá la meditación; y sin meditación, su vida estará tan vacía como la concha al lado del mar. Algo puede ponerse en esa vacuidad, pero no es meditación. La meditación no es un acto cuyo valor pueda pesarse en el mercado; tiene su propia acción, que no puede medirse. El meditador conoce sólo la acción del mercado, con su barullo del intercambio. Y a través de este ruido, nunca podrá hallarse la silenciosa acción de la meditación. La acción de la causa que se convierte en efecto, y el efecto que se vuelve causa, en una eterna cadena que ata al meditador. Tal acción, como está dentro de los muros de su propia prisión, no es meditación. El meditador jamás puede conocer la meditación, que está justamente más allá de sus muros. Son sólo los muros que ha construido el meditador mismo, altos o bajos, espesos o delgados, los que lo separan de la meditación." Fragmento de Comentarios sobre el vivir 3.



Aquí, K nos vuelve a insistir en que mienstras exista una entidad psicológica ( aquí el meditador) no puede haber verdadera meditación que está mas allá de los muros . Los muros representan el armazón, el edificio psicológico que es el yo.

El problema con K es su radicalidad en el sentido que no hace excepciones, ni descuentos. Su mensaje es claro, o se supera el yo o no hay transformación radical de la conciencia. Fijaos que llega a decir:



"No hay diferencia, excepto en las palabras, entre el hombre que medita y practica una disciplina para llegar a la otra orilla, y el que trabaja intensamente para realizar su ambición mundana. Ambos son ambiciosos; ambos, codiciosos, ambos se preocupan por sí mismos." Comentarios...

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