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sábado, 28 de junio de 2008

La indagación (la búsqueda espiritual)

“¿Puedo hacer una preguntad” —inquirió la señora, un poco nerviosa. Había estado escuchando calladamente, dudando si hacer preguntas, por respeto a su marido. Pero ahora que los otros dos callaban, de mala gana, habló ella. “Me gustaría preguntar, si se me permite, por qué es que una persona tiene claridad, percepción total, mientras otras sólo ven los diversos detalles y son incapaces de captar el todo. ¿Por qué no podemos todos tener esta claridad, esta capacidad de ver el todo, que vos parecéis tener? ¿Por qué es que uno la tiene y otros no?”
¿Creéis que es un don?
“Así parecería” —replicó— “y sin embargo eso significarla que la divinidad es parcial, y entonces habría muy pocas probabilidades para los demás. Espero que no sea así”.
Vamos a investigarlo. Pero, ¿por qué hacéis esta pregunta?
“Por la sencilla y evidente razón de que yo deseo esa profunda visión”. Ya había perdido ella su reserva, y estaba tan ansiosa por hablar como los otros dos.
Vuestra indagación está motivada, pues, por el deseo de ganar algo. Ganar, realizar, o llegar a ser algo implica un proceso de acumulación, y la identificación con lo que se ha acumulado. ¿No es verdad esto?
“Sí, señor”.
Ganar implica también comparación ¿no es así? Vos, que no tenéis esa claridad, os comparáis con alguien que la tiene.
Pero toda comparación de esa clase es obviamente producto de la envidia; ¿y puede despertarse la claridad mediante la envidia?
“No; supongo que no”.
El mundo está lleno de envidia, de ambición, como puede verse en la eterna búsqueda de éxito, en la relación del discípulo con el Maestro, de éste con el Maestro superior, y así interminablemente. Y eso desarrolla ciertas capacidades. Pero ¿es, esa capacidad, la percepción total, el darse cuenta total? ¿Se basa, este último, en la envidia, en la ambición? ¿No surge, acaso, sólo cuando ha cesado el deseo de ganar? ¿Comprendéis?
“Creo que no”.
El deseo de ganar se basa en la vanidad, ¿verdad?
Ella vaciló, y luego dijo despacio: “Ahora que lo indicáis, veo que en el fondo es así”.
Es, pues, vuestra vanidad, tanto en el sentido amplio como en el mezquino, lo que os hace formular esta pregunta.
“Creo desgraciadamente que también eso es verdad”.
En otras palabras, hacéis esta pregunta por vuestro deseo de tener éxito. Ahora bien, ¿puede hacerse esta misma pregunta. —¿Por qué es que yo no tengo profunda visión— sin envidia, sin dar ningún énfasis al “yo”?
“No sé”.
¿Puede haber indagación alguna mientras la mente esté atada a un motivo? Mientras el pensamiento esté centrado en la envidia, en la vanidad, en el deseo de triunfar, ¿podrá explorar lejos y libremente? Para inquirir de veras ¿no tiene que dejar de existir el centro?
“¿Queréis decir que la envidia o la ambición, que es el deseo de ser o de llegar a ser algo, tiene que desaparecer totalmente si uno ha de tener honda visión?”
También ahora, si me permitís señalarlo, queréis poseer esa capacidad, de modo que os pondréis a disciplinaros para adquirirla. Vos, que aspiráis a la posesión, seguís siendo lo importante, y no la capacidad misma. Esa capacidad sólo surge cuando la mente no tiene motivo de ninguna clase.
“Pero antes dijisteis, señor, que la mente es resultado del tiempo, del conocimiento, del motivo; y ¿cómo puede una mente así carecer de cualquier motivo?”
Haceos esa pregunta a vos misma, no simplemente en forma verbal, superficial sino tan seriamente como un hambriento quiere el alimento. Cuando preguntáis, cuando inquirís, es importante que descubráis por vos misma la causa de vuestro inquirir. Podéis preguntar por envidia o podéis hacerlo sin motivo alguno. El estado de la mente que en verdad inquiere sobre la capacidad de percepción total, es de completa humildad, de completa calma; y esta misma humildad, esta quietud, es ya esa capacidad. No es algo que pueda ser ganado.

(fragmento de Comentarios sobre el vivir -3-)

Bajo mi punto de vista, la conclusión de este y otros fragmentos similares es que mientra haya un yo que busca (que de algun modo quiere una ganancia), no hay ninguna posibilidad de éxito , entendiendo éxito como la entrada en un mundo de posiblidades espirituales.

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