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jueves, 24 de julio de 2008

La humildad

"La humildad no es algo que uno pueda llevar como un atuendo. ¡No tiene nada que ver con cabezas agachadas y miradas esquivas! Es el resultado de la reabsorción de la individualidad en el ser, en la quietud. Resulta del fin de toda agitación. En estar atento y alerta, hay humildad. Es receptividad, apertura a todo cuanto la vida trae. Allí donde no hay memoria psicológica ni acumulación de conocimiento, hay inocencia. Inocencia es humildad.
En situaciones íntimas o problemáticas, cada uno debe hablar con humildad de cómo se siente. Es simplemente una declaración de hechos, sin justificación ni interpretación alguna. No debemos buscar una conclusión. Si dejamos a la situación completamente libre de evaluación, juicio y apremio por llegar a una conclusión, aparecen muchas cosas que no pertenecen a nuestra memoria.
La humildad surge cuando no hay referencia alguna a un “yo”. Este vacío es el factor curativo en cualquier situación. Heidegger dice: “Permanece abierto a la apertura.” Permanece abierto a la no-conclusión. En esta apertura, la situación ofrece su propia solución, y abiertos la recibimos. A menudo, cuando la solución aparece, la mente entra y disputa con ella, la pone en duda."
Extraido de Quien soy yo ( J Klein)

"Un problema sólo puede ser resuelto cuando lo abordamos de un modo nuevo. Pero no podemos abordarlo de un modo nuevo si pensamos en términos de una u otra norma de pensamiento, religioso, político o de otra índole. Por consiguiente, para ser sencillos hemos de librarnos de todas esas cosas. Por eso es tan importante que nos demos cuenta, que tengamos la capacidad de comprender el proceso de nuestro propio pensar, que nos conozcamos a nosotros mismos totalmente. De ello proviene una sencillez, una humildad que no es ni virtud ni disciplina. La humildad que se gana, deja de ser humildad. Una mente que se torna humilde, ya no es humilde. Y es sólo cuando se tiene humildad ‑no una humildad cultivada- cuando uno puede hacer frente a las cosas apremiantes de la vida; porque entonces no es uno mismo lo importante, no mira uno a través de las propias presiones y del sentido de la propia importancia. Uno mira el problema en sí, y entonces puede resolverlo."
De La libertad primera y última de Krishnamurti.


No tengo ningún comentario que hacer a estas palabras de estos grandes monstruos espirituales. Krishnamurti es para mí el number one, el más grande, el maestro de maestros. No obstante, su rigidez o severidad en no hacer ninguna concesión, aunque probablemente necesario, es descorazonador. Por otra parte, Klein, se me antoja más cercano y cariñoso, aunque sus palabras son también capaces de penetrar hasta lo más profundo, parece que ese estado de apertura, receptividad esté más cercano, sea más familiar. En todo caso, ambos ponen el dedo en la llaga del falso yo o personalidad que se erige como el gran obstáculo para abrir la puerta a los mundos espirituales.
Dice el MT que llegará un momento en que habrá una lucha entre el ángel de la presencia y el morador en el umbral, siendo el morador nosotros mismos en la forma de nuestros apegos, miedos, recuerdos, etc. Se refiere a la lucha entre el alma y la personalidad, entre el factor grupal y el individual, entre la compasión y el egoismo. Y cuando de esta lucha emerga triunfador el factor alma, es cuando quedará espacio suficiente para la aparición de esa humildad que no se cultiva, de esa humildad que significa el fin de toda agitación y que trae la vivencia de la interconexión no solo de todas las personas sino también de todos los reinos de la naturaleza en ese gran todo que es la Vida.

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